LAB – De la siembra -SESIONES

La cultura de la huerta urbana llama al contacto con nuestro potencial en procesos de transformación. Metiendo mano en tierra durante el labrado, la observación y cuidado de la tierra para que la experiencia le marque los tiempos, modos y procesos que a bien desee en su relación con el crecimiento de una semilla o vástago hasta su floración o cosecha.
Está la experiencia de otrxs, Pero más que un recetario de pasos y productos para que tome y lleve. Se le ofrece el compartir una actitud activa sobre los cuidados del suelo. Que atienda a nuestra forma de vincularnos con el espacio que interactuamos.

«Quien es el otrx, donde esta el otrx, ¿afuera?
Pensar al otrx se nos presenta como una tarea problemática, por no decir imposible. Todo lo que diga sobre el otrx, lo digo desde mi yo pero el otrx se supone que es el que no tiene ningún contacto conmigo.

El problema es que cuando definimos al otrx lo hacemos pensando en todo aquello que excede de modo absoluto el yo.
Todo lo que no soy yo, ni está determinado por mi yo, es un otrx. Todo lo que me excede es un otrx, y sin embargo, mi hija, el perro de enfrente, mis amigos, el árbol a la vuelta y mi familia. Cobran sentido (es decir) son lo que son, siempre para mi.

Siempre para un yo, que los categoriza previamente.
Pero entonces podemos acceder al otrx despojándonos absolutamente de lo que somos?
No se trata justamente de acceder al otrx en su otredad? ¿Es posible un acceso de este tipo? y si la respuesta es no? tendríamos que admitir que acceder al otrx es algo imposible?
Las cosas no son lo que son, sino lo que somos. ¿Pero qué somos?» … . .
Dario Sztajnszrajber

Fragmento extraído del programa Mentira la Verdad (2011) de Canal Encuentro para la televisión pública argentina. En; http://encuentro.gob.ar/programas/serie/8023/6929?temporada=3 

Bogotá es sabana que contiene una inmensidad creciente basada en la extensión de humedales, cerros, plazas, parques y ríos. Este verdor aún persiste a pesar del cemento que se fundó arriba del altiplano cundiboyacense.

Bogotá, guachafita de diferentes climas en un día, Jolgorio de temperaturas que alimenta la diversidad de suelos, localidades y faunas humanas o animales.
En Bogotá crecen los Bogotanos pero con ascendencias marcadas desde cualquier rincón del país. De allí que la pertenencia puedan ser el líchigo en el barrio, Los tintos de la vecina o la maña de abuela que desconoce de regionalismos al tener sus plantas en la casa.

En Bogotá usted encuentra de la piel de sapo al helecho. Los diez mandamientos y el trébol negro, la lengua e ‘suegra, cintas, el lazo de amor, billete, La penca de sábila y las lágrimas de bebe que pueden ser un pequeñísimo prologo para imaginarse plantas en las casas, calles y antejardines.

Ellas se alimentan de este entorno tan particular y nutren los acercamientos que en generaciones hemos tenido frente al verdor plural dentro del cemento. De su compañía podemos pasar a las rudas, romeros, destrancaderas, rompezaragüelles, caléndulas, yánteles, mentas, lavandas y ortigas entre infinitas variedades, nombres y propiedades.

Esta diversidad y pluralidad verde no puede más que enraizarse en el cuestionamiento por los climas, temperaturas, espacios y las gentes que en ellos conviven.

¿Sabe usted que está más cerca de donde vive en Bogotá?, ¿ una montaña, humedal, parque o río?
¿Cómo cree que influenciaron estas y otras plantas para que crezca la cebolla, el tomate o la lechuga donde predomina el cemento?

¡¡ Revolución verde pacífica !! dice doña Elena. Tire piedra, pero también tire semilla, y hágase de un saber que nadie puede arrebatarle y puede ayudarle a conectar con su entorno y parte de su historia.

La lechuga, caléndula, tabaco y ortiga, algo de acelga y papa. Ya habían cumplido su ciclo en el espacio de la @huertasantaelena, a pesar de verse verdes y vivas en las camas de cultivo todavía. Muchxs al principio no entendíamos por que debían ser levantadas si aún parecían tener pequeños brotes de hojas y flores. Sin embargo, con el trabajo de remover, arrancar y picar, nos dimos cuenta que es importante atender los ciclos en que la tierra necesita descansar para que comience un nuevo proyecto de cultivo.

Habrá lo que pueda secarse para luego hacer medicina, lo que se cuelgue y vaya a semilla. Habrá lo que se trasplante nutriendo la tierra con cuncho de café, lo que se pique para la compostera y aquellas hojas y plantas que se repartan para nuevos cultivos y ensaladas.

Aquello que cae en tierra nunca muere. (dice Elena)

Una vez removida y abonada dará paso a replantar un nuevo ciclo de cultivos. Nuevas bienezas que suavicen la tierra con su raíz abundante. Nuevas ortigas urticantes, que indiquen los suelos ricos en Nitrógeno al estar húmedos y nacerán otras caléndulas que cuiden y fortalezcan los cultivos. Igualmente, fuera de la tierra habrá pomadas, soluciones bioenergéticas, ensaladas, pesticidas, sopas, suplementos y una entretenida lista de etcéteras que acrecientan la necesidad de atender el ciclo de trabajo en la huerta.

Las comunidades y los años migran junto a sus saberes frente a la odisea del transporte y la vida en Colombia. Entre sobanderos, recetas runrunes, mañas y recomendaciones cada quien lleva en su mochila lo que se prepara para el mico que tiene encima, el cólico, los dolores del buche o malestares varios.

Entre parientes y compadres se transmiten y mutan estas recomendaciones con cuidados y soluciones que curan.

Si no ha usado agua lluvia, es importante que lo deje reposar por unos días. Solo use jabón rey para que agarre más fuerte y que se encuentre lo más fresco posible. Debe tomar lo en polvo con una bebida caliente y ojalá dulce por su amargura. Recuerde usar las manos calientes en dirección hacia el suelo agitándose fuertemente. Y de ser posible déjelo al sereno en un lugar donde le de la luz de luna. Combínala con la yema de huevo tibio y revuelva en todo momento en la misma dirección que inició.

Entre países, regiones y ciudades viajan recomendaciones que solo los entendidos podrían atender y tender a quien necesita el cercano y pronto alivio.
De igual forma, acompañan el camino los ingredientes y comidas que organizó el hambre a través de las necesidades y privilegios.

Los kilómetros en las fronteras se desdibujan frente a las mixturas de colores que aderezan el compartir entre un allá y acá. E inevitablemente la experiencia de vida se cuece con la diversidad de la charla entre quienes ofrecen y reciben en la mesa.

A M O R P O R L A T I E R R A

Armonía imperturbable que da origen a la mística.

Respeto y tributo será el ritual de la atracción para la energía

del origen que resiste.


NO SOMOS GENTE

No somos gente de mundo ajeno

con anhelo de seguir viviendo;

no somos gente de territorio

de quienes mañana se escuche hablar

que nosotros fuimos.

No somos pueblo venido de otros lugares,

Nuestras raíces son de aquí.

Somos árbol-hombre, somos gente, somos pueblo,

nacidos del fondo de la tierra,

árboles caminando por el lugar

heredado de nuestros taitas,

gente cuidando la armonía y equilibrio natural,

pueblo construyendo la casa

para que nuestros hijos

vivan felices y de manera natural.

.Hugo Jamioy

La leña que alimenta las brasas impregna de su historia y sabor a las comidas que preparamos. Desde las costas entre las sierras y cordilleras. Los paladares se agasajan luego de revolotear la tapa de una olla al costado de una parrillaEl fuego siempre presente calienta las disertaciones y charlas coloquiales que a bien se comparten los comensales. En el alto Fucha celebramos la resistencia de hortalizas y legumbres al cuidado de la señora Adriana, su familia y un par de vecinos.

A la vera del río nos llenamos de aire fresco los pulmones y organizamos las verduras para los pinchos. Ser y hacer comunidad es un proceso complejo que requiere tiempo, entrega y alimento para un proceso que en principio debe sentirse desde lo personal. 

Felicidad y amor, estandartes siempre bienvenidos para cuestionarnos nuestro vínculo con el entorno. Desde la familia, el barrio, la ciudad, el país y el lugar que queremos ocupar en este ecosistema tan nuestro como de lxs otrxs.

Que la elocuencia y elegancia descansen en paz muertos de aburrimiento en teatros y museos atiborrados de gente con una blancura embelesada en el entretenimiento de la simpleza y el romancerio del deber ser.

Mejor que aparezcan las “trivialidades” cotidianas y el humor se pinte en las disonancias y disidencias que están fuera de la simetría con que te implantan discursos opresores. Que se oiga la fanfarria de las gentes que zapatean revueltas con la diversidad de la naturaleza y que las risotadas peguen fuerte en la espinilla estirada del deber ser.

¡Y si nos dan discriminación! Que no sepan como el hambre alimenta al león dentro del circo hasta que lo vean comerse la trasnochada cultura la cabeza de este frágil opresor.

Que las luces tenues nos escuchen mientras el tiempo aleja la identidad de una claridad inmaculada y que los procesos de identificación nos brinden la espontaneidad y pluralidad necesarias para que un mismo sentir se vuelva arte y siembra independientes de las figuras grandilocuentes guardadas en las cursilerías de una cultura vendible.

Una ciudad de paredes blancas es una ciudad enferma, que se descompone y necesita a gritos ser escuchada. Bogotá nos ofrece espacios llenos de narraciones colectivas que atañen a nuestras luchas individuales y comunales desde la gráfica, la palabra y la apropiación del espacio público. Este espacio de construcción final en el laboratorio es un cierre abriente, una invitación a la intervención activa del mundo en el que coexistimos desde la valentía cotidiana, desde los actos de resistencia sutiles que implica la palabra, el trabajo colectivo y la apropiación de nuestros contextos. Es una invitación al accionar desde la palabra, desde el transitar.